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Siento un nudo en la garganta.  No tengo hambre. Fuckin love.

Escribí este texto hace un año… y todo indica que no ha cambiado la situación-mis dedos siguen engarrotándose-.  Mi mejor amigo, Federico Martínez, poeta visual, me chuleó este texto y como aprecio tanto su opinión lo he vuelto a subir. Y subo una foto de su flickr.

 

Ilustración de Federico Mart�nez

ilustración de federico mart�nez

www.flickr.com/photos/remusmx

 

“Soy una cobarde de color morado”

 

 

Ella no puede escribir. Sus dedos se engarrotan cuando se dispone a hacerlo, su mente se congela y se torna en blanco, como esta hoja. Es como si no tuviera nada qué decir.

Lleva doce horas tratando de expulsar algo que no sean gases, y piensa en vomitar. Tiene miedo de hacerlo y se pregunta si existe la bulimia textual; el deseo irreprimible por sacar palabras al momento de adquirirlas, sin siquiera digerirlas. ¿Qué es peor, hablar por hablar o quedarse callado?

Su deseo es que salgan las letras de su boca, en pedacitos, color negro, tipo Arial, tamaño 10. Su lengua servirá como herramienta de expulsión, y las sacará una tras otra, las limpiará y acomodará en esta hoja. Pero entonces el problema del acomodo. Las letras estarían ahí, apiladas, encimadas, sin orden, en una orgía… pero el acomodo es el problema.

¿Por qué es tan fácil para unos hacerlo?

Tal vez ella no esté hecha para las palabras. En su corazón siente la opresión de un yunque por no encontrar la forma de expresar ideas escritas. A pesar de la enseñanza de los libros, las ideas recicladas se quedaron guardadas en el fondo de cada tomo y es hora de no poder plasmarlas o siquiera recordarlas. Oh! (recordó terminar un libro que dejó inconcluso).

Intentó escribir sobre los colores y no le gustó. Lo único aceptable fue saberse una cobarde de color morado. Las metáforas tampoco son su fuerte.

Al momento, la única línea en esta hoja cita: “soy una cobarde de color morado”.

Siente cólicos al escribir; entonces, deja al inconsciente hablar: necesita encontrar un trabajo por sí misma; olvidarse de las expectativas; huir al campo a plantar árboles (ante la incapacidad de trascender a través de las palabras, que sea a través de los árboles. Esto sin pensar que en cualquier momento llegará un señor talador de árboles).

Leyó una frase de Vicente Huidobro, que decía que hay que escribir en una lengua que no sea la materna.

Entonces, piensa que la única opción será dejar los corridos, los sarapes, los sombreros y el pulque. Viajar a probar tapas, escuchar ostias y joder (joder en palabra y en acto). En el fondo no quiere extrañar los tacos (Ella no come tacos, pero sabe que los extrañará). Sin embargo, es lo que queda por hacer.

Viajar a las raíces, parte de la historia, conocer nuevas lenguas. Decir te amos en francés, alemán, danés, italiano, catalán y checo…

(tic.tac)

Ya son 24 horas frente al ordenador sin decir palabra. Después de pensar en su huída, se encuentra de nuevo frente a la máquina, con la vista cansada y los pies fríos. Afuera el cielo está despejado. Se asoma a la ventana y ve volar las letras. Pasa una avioneta del circo con un letrero a cuestas y ella, en vez de leer el mensaje, sólo ve las letras volar y seguir su camino, dejando una estela atrás.

DURIBE

“La portada está peluda”, comentaron entre risas esta mañana en Ibero Radio. Resulta que dos de mis fotografías serán portada y contraportada del nuevo CD homónimo de Yokozuna, una banda de rock mexicana formada por dos hermanos, Arturo y Antonio Tranquilino.

Hace quince días me entrevistaron en una estación de radio y el conductor, un tal Miguel Solís comentó que la reacción de las chicas al ver la portada, era exclamar: “¿pero por qué?” en un tono de ofendidas.

Es la foto de la entrepierna de una chica en panty (la modelo prefiere mantener su anonimato) tomada por otra mujer que aprecia la belleza femenina.¨

Ya quiero ver la portada, dicen que aparece con una estampa enorme de Censura. Estoy contenta porque es como mi primera exhibición ambulante.

POLA by Raniela

Hace meses que quedé en hacer una serie para un site francés llamado Fifty Rooms. (www.fiftyrooms.com) Pedí una Polaroid prestada y me puse a fotografiar a mis amigas en posiciones algo comprometedoras, en la intimidad de sus hogares. He subido algunas a mi flickr (www.flickr.com/photos/porkbrains) pero aún no termino. Debo reunir a 20 amigas veinteañeras que exploren su sensualidad mientras yo las fotografío. Echen un vistazo e incítenme a tomar más fotos… también solicito modelos.

 

 

 

Raniela's Pola

I wanna wrap your hair to smell the skin over your neck, taste your eyebrows, while you are soaking Dali’s Chupa Chups… and suddenly I’ll be dropping the stars into my head, one by one, rolling dust, catching fire, hearing flowers, breathing happiness, embracing wings, let them free after that.

I wanna feel how’s to live in a gold shell. I want to be inside of it for one month, with you. I want to prepare the most exciting food you’ll ever taste. I want to take care of you, I want to feed you, I want to borrow your dreams and share mine and mix them in a big bowl with a giant spoon. That’s the menu for one month.

I don’t think we’ll get bored. If you don’t want to be eating dreams we can play my little pony, or my old merry-go-round. But my little pony is a bit old, I have it since I was a child. Maybe we can play with your little soldiers or your marbles. I want to throw through the lock the biggest marble so we can be in a history book.

The loathsome couple, some would say. After drinking one barrel of memories, drunk of remembrances, reflecting thoughts, we’ll get sick, and then, we won’t look into the past again.

After one month, i will brush your barb with my pink nails, kiss your eyelashes, one by one and I will dress you with thousands of sighs.

You’ll be ready for the world. I won’t. So I will write your name in a piece of white peace paper, I will prepare it with salt, garlic, and mermelade and I will give it to eat to Rayas, my wool dog, with orange eyes, bought in Oaxaca. And I will forget about you and our month.

brendaspindola.jpg

Ella es como la hermanita que uno elige. Nos elegimos mutuamente. Ella vive en Madrid ahora con un chipriano muy guapo. En septiembre del año pasado nos reencontramos en el Parque del Retiro, ella buscaba casa y yo buscaba un vuelo a Alemania: demasiado estrés para disfrutar.

Caminamos, fumanos, comimos pasta, tomamos vino, bebimos té hindú y nos metimos a La Boca del Lobo, comimos chocolate español y muchos churros. Fueron días que pasamos en el limbo, nunca entendí la razón. Lo atribuí a su interés por su nueva pareja, pero también fue mi rechazo inconsciente hacia aquélla ciudad pasajera. Me sentía ajena.

Ahora tengo un secreto para ella, no se cuándo decirlo. Siento un nudo en la garganta otra vez.

C

a

e

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